El director Leon de Winter ha tomado un thriller con matices políticos y psicológicos, y lo ha revuelto en una serie de viñetas que están mezcladas en el tiempo y en el lugar, perdiendo así cualquier esperanza de seguir la historia. Un periodista va a un país del sur de Europa para entrevistar a un conocido terrorista que se ha negado a detener sus actividades a pesar de que la revolución por la que luchó terminó con éxito cinco años antes. Se plantean preguntas sobre la adopción de la violencia como una forma de vida sin darse cuenta al principio y sobre la aparente imposibilidad de elevar la conciencia de las culturas atrasadas. Tal vez debido a la forma en que la historia se ha fileteado en fragmentos, personajes como el periodista y el terrorista no tienen suficiente tiempo de pantalla continua para construir su individualidad, un segundo factor que hace difícil involucrarse en el drama.
El director Leon de Winter ha tomado un thriller con matices políticos y psicológicos, y lo ha revuelto en una serie de viñetas que están mezcladas en el tiempo y en el lugar, perdiendo así cualquier esperanza de seguir la historia. Un periodista va a un país del sur de Europa para entrevistar a un conocido terrorista que se ha negado a detener sus actividades a pesar de que la revolución por la que luchó terminó con éxito cinco años antes. Se plantean preguntas sobre la adopción de la violencia como una forma de vida sin darse cuenta al principio y sobre la aparente imposibilidad de elevar la conciencia de las culturas atrasadas. Tal vez debido a la forma en que la historia se ha fileteado en fragmentos, personajes como el periodista y el terrorista no tienen suficiente tiempo de pantalla continua para construir su individualidad, un segundo factor que hace difícil involucrarse en el drama.